Cuentos: el aguador y el cántaro agrietado
Un aguador tenía dos grandes cantaros. Una de las vasijas tenía una grieta, mientras que la otra era perfecta y entregaba el agua completa al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa del sabio que iba a visitar todos los días.
Cuando llegaba, la vasija rota solo contenía la mitad del agua. La pobre se sentía avergonzada de su imperfección y miserable porque solo podía conseguir la mitad de
lo que se suponía debía hacer. Después un tiempo le habló al aguador diciéndole:
-Estoy avergonzada de mi misma y me quiero disculpar…
- ¿Por qué? le preguntó el aguador.
-Debido a mis grietas, solo puedes entregar la mitad de mi carga.
El aguador se sintió le dijo: “cuando volvamos quiero que te fijes en las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.”
Así lo hizo y en efecto vio muchísimas flores hermosas, pero seguía apenada porque al final solo llevaba la mitad de su carga. El aguador le dijo: ¿Viste que las flores crecen sólo en tu lado del camino?, siempre he sabido de tus grietas, sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde tú vas y todos los días tú las has regado. Luego yo recojo las flores para decorar el altar del maestro. Gracias a que eres así, él puede disfrutar de esa belleza sobre su mesa.
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Oooh
Ángel, siempre sabes cómo contarnos las historias… Predciosa, gracias.
gracias, yo soy sólo el trasmisor, no el dueño de las historias.
Me parece muy interesante tu forma de plantear tu blog. Soy escritora - novel, por supuesto - y me ha encantado este cuento en particular. ¿Qué te parece éste?
¡El caballo estaba ahí!
Wang Jao era de inteligencia extremadamente lenta. Una vez, montando su caballo bayo, acompañó a la guerra al emperador Weng Suan de los Chis. La temperatura llegó a ser tan glacial durante la noche que, a la mañana siguiente, el caballo bayo amaneció cubierto de escarcha. Wang Jao ordenó entonces una batida para encontrar su caballo, pero todos volvieron con las manos vacías.
Cuando salió el sol, la escarcha se derritió, y Wang Jao exclamó dándose vuelta: “¡Oh! ¡Pero si no se ha movido de ahí!”
(Fábula china)
Te he puesto la dirección de mi blog, por si quieres visitarlo…
Montse
gracias por el cuento y por tu blog, voy a visitarlo ahora