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Victor

Este pasado jueves no pude ir al 76 Thursday (por cierto, buenos resúmenes en MI e Ilde) por un motivo muy especial: ¡He sido tio!

Sin duda unos de los 10 días más felices de mi vida, junto con fechas como mi boda, la firma de escrituras de mi primera empresa, el primer beso, cuando acabé la carrera… Sólo tengo una hermana y este es su primer hijo, así que es mayor motivo de alegría

En que quiera conocer la vida de San Victor y una foto de mi sobri que siga leyendo…

 
San Víctor I, Papa
San Víctor, el primero de los Papas de este nombre, era oriundo de África y de padres nobles; ocupó la Silla Apostólica desde el año 192, en que sucedió a San Eleuterio, hasta el 202, en que —según opinión general— fue martirizado en una sublevación popular. De carácter vigoroso y enérgico, fulminó con todo el rigor de los anatemas condenatorios de su Suprema Autoridad las varias herejías brotadas durante su pontificado. Reformó y unificó la celebración de la Pascua; y de su sabio gobierno han llegado hasta nosotros otras importantes constituciones. En premio a tan relevantes trabajos y por su indomable energía e intrepidez ante los enemigos de la Iglesia, mereció la corona del martirio en el año indicado, y a 28 de julio, día en que se celebra su Fiesta.
Poco sabemos de los primeros años y juventud de este gran Papa; solamente consta que era oriundo de África, hijo de un noble llamado Félix; y que mereció por su virtud y talento ser elevado a la Silla Apostólica de Roma, como sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo, en las postrimerías del siglo II.
Los tiempos difíciles que atravesaba la Iglesia y las frecuentes herejías que, una tras otra, iban apareciendo y pretendían minar la santidad de la misma, atentando contra la pureza de la fe, para relajar las costumbres y unidad establecidas por los Apóstoles y sus sucesores, requerían un Papa enérgico, adornado a la par de ciencia, santidad y talentos excepcionales; Víctor fue elegido por aclamación unánime.
Una de las principales herejías, que más adeptos iba logrando, era la de los Montanistas, nacida de la apostasía de Teodoro de Bizancio, quien no pudiendo resistir las reprensiones de los cristianos, por su cobardía ante la persecución, separóse de la fe y, queriendo justificar su apostasía, manifestaba que Jesucristo sólo había sido puro hombre; y en su osadía, mientras sus costumbres eran cada vez más depravadas, arrastrando tras de sí a los débiles en la fe, al error o a pecaminosas libertades, atrevióse a llegar hasta Roma y dogmatizar sus enseñanzas heréticas en el propio centro de la Cristiandad.
Anatematizóle San Víctor y persiguiólo tan viva y tenazmente, que Teodoro hubo de desaparecer de la ciudad y hasta del Imperio, pues no se oyó luego hablar de él.
Poco después, otro apóstata también, Práxeas, inventa la herejía de los Patripasianos, precursores del sabelianismo, que negaba en Dios la distinción de personas.
Apenas iniciada la divulgación y propagación de tal cizaña entre los cristianos, sin dejarla prosperar, el celo infatigable y vigilancia constante del supremo Pastor, Víctor, la arrancan de cuajo, logrando a la vez su bondadosa diligencia que, reconociendo Práxeas su error, lo deteste, y, al entregar su retractación en Roma, obedezca y acate sumiso al Pontífice, ocasión que aprovecha éste para convocar luego un Concilio sinodal.
Otra de las actuaciones que reflejan la sapiencia y el elevado espíritu apostólico del Santo Papa, fue la fijación y unificación, para toda la Iglesia, de la conmemoración ritual de la Pascua.
La mayor parte de los Obispos de Asia la celebraban, según costumbre tolerada hasta entonces, el día 14 de la luna de marzo, acomodándose con esto al rito de los judíos: el resto de la cristiandad la celebraba el domingo después del día 14 de aquella luna, por haber resucitado Cristo Nuestro Salvador en tal día.
Temiendo San Víctor que la diferencia de fechas y la posible diversidad de significado de los consiguientes ritos podrían ocasionar división entre los fieles y hasta inducir a errores y aun cismas, para prevenir a tales males decretó que todas las Iglesias se acomodasen a este respecto a la costumbre romana, no debiendo celebrarse la Pascua, en parte alguna, el día 14 referido, sino el domingo siguiente.
Esta determinación papal encontró varios opositores, sobre todo entre los Obispos de Oriente, capitaneados por Polycrates, Obispo de Éfeso; sin embargo, la constitución papal fue recibida y acatada al fin por toda la Iglesia; demostrando el acierto de esta determinación el hecho de que, 129 años después, el Concilio de Nicea ratificó y renovó la constitución victoriana.
Otros muchos testimonios de su sabio gobierno han llegado hasta nosotros, así como muchas constituciones y órdenes salidas de su prudente régimen en los difíciles tiempos que vivía la Iglesia; sirva de ejemplo, entre otros muchos, por su trascendental importancia y pervivencia, la constitución apostólica decretando que «en caso de necesidad podíase bautizar con cualquier agua natural, sin que fuera preciso estuviese previamente bendita».
Su pontificado, de unos diez años, entre tales luchas en defensa de la pureza e integridad de la fe recibida y del tesoro completo de las creencias apostólicas, le enfrentó con múltiples enemigos que, si bien vencidos y anatematizados enseguida por San Víctor, no le perdonaban tan enérgico celo. Por esto viose coronado gloriosamente con el martirio, pereciendo durante un tumulto que aquéllos provocaron.

Y aquí está mi sobri, que así voy prácticando ya que unos de mis objetivos del 2007 está ya en camino…

victor y yo

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