La imposibilidad de enseñar

El otro día Agustín Cuenca, una de esas personas de las que aprender, me hablaba de que el verbo enseñar no se podía conjugar, por que “Yo enseño” es falso si el otro no aprende. Eso me hizo reflexionar y siempre que tengo dudas con palabras suelo acudir a la RAE:

enseñar.

1. tr. Instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos.

2. tr. Dar advertencia, ejemplo o escarmiento que sirva de experiencia y guía para obrar en lo sucesivo.

3. tr. Indicar, dar señas de algo.

4. tr. Mostrar o exponer algo, para que sea visto y apreciado.

5. tr. Dejar aparecer, dejar ver algo involuntariamente.

6. prnl. Acostumbrarse, habituarse a algo.

Creo que Agustín tiene razón conforme a su primera acepción, ninguno podemos “amaestrar” a otro si la otra persona no quiere. A lo sumo algo en línea con la segunda, ser ejemplo o guía. Ultimamente  tengo amigos a los que me gustaría “enseñar” y dar soluciones, pero siento que poco puedo hacer, lo cual me provoca desconsuelo porque me gustaría ayudarles.

Pero lo que hago siempre después de mirar la definición de una palabra, es ver su etimología, que te suele dar la clave:

( lat. vulg. insignāre, señalar).

Y eso es justamente lo único que de verdad podemos hacer y conjugar, que no por casualidad coincide con la tercera y cuarta acepción: señalar, mostrar. Creo es la clave de enseñar, señalar a donde se puede llegar y mostrar el camino, pero el recorrerlo depende del alumno. También la Vida se encarga diariamente de enseñarnos, pero igualmente somos nosotros los que debemos decidir si aprender o no.