El poder del Ahora

Me ha resultado curioso encontrarme estos días en la lista de libros más vendidos con “El Poder del Ahora“, se trata de una re-edición de un libro publicado en los 90 por el escritor alemán Eckhart Tolle (como curiosidad vivió en España desde los 13 a las 20 años). Lo que enseña me recueda mucho a una frase que me encanta:

Espero que te guste el momento presente, porque es donde te vas a pasar el resto de tu vida…

Así que he aprovechado para releerlo y compartir aquí algunas frases del mismo:

  • Nunca nada ocurrió en el pasado, ocurrió en el Ahora. Nunca ocurrirá nada en el futuro; ocurrirá en el Ahora. Lo que usted considera el pasado es una huella almacenada en la mente de un Ahora anterior… El futuro es un Ahora imaginado, una proyección de la mente.

    Cuando llega el futuro, llega como el Ahora.

  • El presente eterno es el espacio en que se despliega la totalidad de su vida, el único factor que se mantiene constante. La vida es ahora. No ha habido nunca un momento en el que su vida no fuera Ahora, ni lo habrá.
  • No hay problemas, sólo situaciones que manejar o que dejar así y aceptar como parte de la condición de ser del momento presente hasta que cambien o se puedan manejar. Los problemas son creados por la mente.
  • Mucho de lo que la gente dice, piensa o hace está motivado en realidad por el miedo, que por supuesto siempre está ligado con enfocarse en el futuro y no estar en contacto con el Ahora.
  • Si no puede aceptar lo que hay afuera, acepte lo que hay adentro.
  • Cuando tu atención te traslada al Ahora, estás alerta. Es como si despertases de un sueño: el sueño del pensamiento, el sueño del pasado y del futuro. Hay claridad, simplicidad. No queda sitio para fa­bricarse problemas. Simplemente este momento es como es.
  • Cuando te haces amigo del momento presente, te sientes como en casa dondequiera que estés. Si no te sientes cómodo en el ahora, te sentirás incómodo donde quiera que vayas.
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Cuento: las riendas de la vida

Como acabé el curso

con un cuento, me parece interesante retomarlo de la misma manera. Ahí va.

Dicen que una vez estaba sentada una persona en el portal de su casa,

cuando vio venir a un amigo a caballo. Según se acercaba puede fijarse que iba realmente deprisa, a toda velocidad. Cuando pasó por su lado le preguntó:

–       ¿A dónde vas a amigo?

–       No sé, donde el caballo me lleve. – pudo decir mientras se alejaba.

Cuento: El Pescador

Hacía tiempo que no compartía un cuento en este blog y me he acordado de este que escuché hace mucho tiempo, tal vez por la época veraniega..

En cierta ocasión iba un ejecutivo paseando por una bonita playa vestido con sus bermudas (de marca), sus gafas de sol (también con marca muy visible), su polo (con mucha marca), su gorra (con marca destacada), su reloj (de marca y carísimo), su calzado deportivo (donde todo era marca), su móvil colgado de la cintura (el móvil con marca y la bolsa en la que colgaba, también) y su gomina en el pelo ( sin marca, pero tan abundante que uno podía adivinarla).

Eran las dos del mediodía cuando se encontró con un pescador que felizmente recogía sus redes llenas de pescado y amarraba su pequeña barca. El ejecutivo se le

acercó…
– ¡Ejem! Perdone, pero le he visto llegar con el barco y descargar el pescado…

¿No es muy temprano para volver de faenar?
El pescador le miró de reojo y, sonriendo mientras recogía sus redes, le dijo:
– ¿Temprano? ¿Por qué lo dices?

De hecho yo ya he terminado mi jornada de trabajo y he pescado lo que necesito.
– ¿Ya ha terminado hoy de trabajar? ¿A las dos de la tarde? ¿Cómo es eso posible? – dijo incrédulo, el ejecutivo.

El pescador, sorprendido por la pregunta, le respondió:
-Mire, yo me levanto por la mañana a eso de las nueve, desayuno con mi mujer y mis hijos, luego les acompaño al colegio, y a eso de las diez me subo a mi barca, salgo a pescar, faeno durante cuatro horas y a las dos estoy de vuelta. Con lo que obtengo en esas cuatro horas tengo suficiente para que vivamos mi familia y yo, sin holguras, pero felizmente. Luego voy a casa, como tranquilamente, hago la siesta, voy a recoger a los niños al colegio con mi mujer, paseamos y conversamos con los amigos, volvemos a casa, cenamos y nos metemos en la cama, felices.

El ejecutivo intervino llevado por una irrefrenable necesidad

de hacer de consultor del pescador:
– Verá, si me lo permite, le diré que está usted cometiendo una grave error en la gestión de su negocio y que el “coste de oportunidad” que está pagando es, sin duda, excesivamente alto; está usted renunciando a un pay-back impresionante. ¡Su BAIT podría ser mucho mayor! Y su “umbral de máxima competencia” seguro que está muy lejos de ser alcanzado.

El pescador se lo miraba con cara de circunstancias, mostrando una sonrisa socarrona y sin entender exactamente adónde quería llegar aquel hombre

de treinta y pico años ni por qué de repente utilizaba palabras que no había oído en su vida.

Y el ejecutivo siguió:
– Podría sacar muchísimo más rendimiento de su barco si trabajara más horas, por ejemplo, de ocho de la mañana a diez de la noche.

El pescador entonces se encogió de hombros y le dijo:
– Y eso, ¿para qué?
– ¡¿Cómo que para qué?! ¡Obtendría por lo menos el triple de pescado! ¡¿O es que no ha oído hablar de las economías de escala, del rendimiento marginal creciente, de las curvas de productividad ascendentes?! En fin, quiero decir que con los ingresos obtenidos por tal cantidad de pescado, pronto, en menos de un año, podría comprar otro barco mucho más grande y contratar un patrón…

El pescador volvió a intervenir:
– ¿Otro barco? ¿Y para qué quiero otro barco y además un patrón?
– ¿Que para qué lo quiere? ¡¿No lo ve?! ¿No se da cuenta de que con la suma de los dos barcos y doce horas de pesca por barco podría comprar otros dos barcos más en un plazo de tiempo relativamente corto? ¡Quizá dentro de dos años ya tendría cuatro barcos, mucho más pescado cada día y mucho más dinero obtenido en las ventas de su pesca diaria!

Y el pescador volvió a preguntar:
– Pero todo eso, ¿para qué?
– ¡Hombre! ¡¿Pero está ciego o qué?! Porque entonces, en el plazo de unos veinte años y reinvirtiendo todo lo obtenido, tendría una flota de unos ochenta barcos, repito, ¡ochenta barcos! ¡Qué además serían diez veces más grandes que la barcucha que tiene actualmente!

Y de nuevo, riendo a carcajadas, el pescador volvió:
– ¿Y para qué quiero yo todo eso?
Y el ejecutivo, desconcertado por la pregunta y gesticulando exageradamente, le dijo:
– ¡Cómo se nota que usted no tiene visión empresarial ni estratégica ni nada de nada! ¿No se da cuenta de que con todos esos barcos tendría suficiente patrimonio y tranquilidad económica como para levantarse tranquilamente por la mañana a eso de las nueve, desayunar con su mujer e hijos, llevarlos

al colegio, salir a pescar por placer a eso de las diez y sólo durante cuatro horas, volver a comer a casa, hacer la siesta,…?

El pescador respondió:
– ¿Y eso no es todo lo que tengo ahora?