Lo reconozco, siempre me ha costado pagar por los programas para el ordenador, aunque me fueran a ser muy útiles, lo mismo me pasaba con la música y las películas. Creo que era más un tema cultural y de costumbre que del precio en si, aunque también del proceso de compra. Curiosamente esto ha cambiado desde que tengo un iPad. Estos son las conclusiones a las que he llegado tras analizar dicho cambio:
- Al usarlo por primera vez te obligan a dejar la tarjeta de crédito registrada y asociada a tu cuenta. Esto tiene la ventaja de no tienes que volver a introducirla y automáticamente se te va cargando todo de forma cómoda.
- Favorece la compra compulsiva, en un click has hecho todo: pagado, bajado e instalado.
- Como luego para pagar te identificas con tu usuario de mail parece como si no costara.
- Los precios son normalmente bajos, como el otro día me recordaba mi socio David Cantolla el modelo “free” no es que todo sea gratis, sino que que te suelen dejar una parte gratis y luego pagas por las versiones completas o los extras. Sin duda funciona.
- Los productos son de alta calidad, con lo cual pagas con gusto. En mi pasado viaje al Silicon Valley hablando con una chica que trabajaba en Apple me decía que se revisan personalmente todas las aplicaciones que se suben el AppStore, sin duda me parece un control de calidad increible.
- Nos han enseñado desde el primer momento que las cosas cuestan dinero. Creo que uno de los problemas de la web es que se empezó creyendo que en internet todo era gratis, con los móviles y las tabletas todos tenemos claro que no.
- No se puede piratear fácilmente.
Pienso que más de uno uno, en especial en el sector del libro electrónico, debería tomar nota de esto. Ofrecer contenido de calidad, a buen precio y que sea fácil de comprar.