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El maestro estaba recorriendo el mundo acompañado de su joven discípulo. Visitaron diferentes países y ciudades, lugares donde abundaba la riqueza y otros que estaban sumidos en la miseria. Fueron a zonas rurales, otras más urbanizadas y cosmopolitas para ver cómo actuaban los niños en cada uno de estos lugares, intentando definir dónde vivían los niños más felices.

Al terminar su viaje, el maestro le preguntó a su discípulo:

—Y bien, ¿dónde crees que los niños son más felices?

—Mmmm, pues, no sabría decirle, maestro. Pensaba que los niños más ricos serían los más felices, pero pude ver que no era así. También pensaba que los más pobres serían los que tienen menos oportunidades para ser felices, pero también vi que no era así.

—¿Entonces? ¿Crees que los más felices son los que no son ni muy ricos ni muy pobres? —sigue preguntando el maestro.

—Quizás…, no lo sé. Tampoco ahí encontré a los niños más felices del mundo. Tal vez no se pueda determinar y no haya un lugar donde los niños sean más felices —contesta el discípulo resignado.

—Te equivocas —dijo el maestro —:Sí lo hay, y ese lugar es el mundo.

Como el joven se queda algo perplejo ante esa respuesta, el maestro sigue explicando:

—Día tras día, a los niños se les niega el derecho de ser niños. Hay quien no se toma ese derecho en serio y se burla de él. 

El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como actúa el dinero.

El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se crean que lo son y no se valoren, para que sean considerados como desechos.

Y a los niños que no son ni ricos ni pobres, el mundo los ignora, los deja que se entretengan frente al televisor, al ordenador, la tablet, la consola…, para que desde muy temprano, acepten como destino la vida prisionera.

Pero, los niños que consiguen ser niños, tienen mucha suerte, porque la magia y la ilusión que generan, les hacen mirar al presente y al futuro con esa misma magia e ilusión, y es lo que les hace ser felices.

Despierta el niño que hay en ti y no dejes nunca que se duerma, pues desde sus ojos, mirarás tu verdadero propósito y crearás la suerte que te hará ser feliz. 

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