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Creo que de las tiendas de barrio que aún perduran se puede aprender mucho sobre la fidelización de clientes. Hoy quiero contar el caso de una pescadería de mi zona.

Además de la buena calidad del género, el buen trato que ofrece y el hecho de poder encargar lo que quieres para recogerlo más tarde, hay algo que realmente les diferencia; la forma de prepararlo. Son los únicos de la zona que te dejan el pescado tal y como lo necesites para cocinar.  Por ejemplo, los gallos o el rodaballo te lo pueden hacer en filetes (si habéis intentado cocinarlo en casa, sabréis el rollo que es). Este servicio, calculado a ojo, hace que consuman un 20% más de tiempo con cada cliente, lo cual podría parecer contraproductivo, pero no es así. Evidentemente al final del día podrían atender a un 20% menos de clientes que otro establecimiento de las mismas características, pero la realidad es que en todos hay tiempos muertos, así que ese tiempo de más solo se traduce en un poco más de espera en algunos casos, no en que atiendan a menos gente. Como además, si no quieres esperar se lo puedes encargar y volver a recogerlo más tarde, ese tema no es un inconveniente para los clientes.

Los beneficios para el pescadero son espectaculares.

El primero, el nivel de recomendación que genera, que yo escriba este post no es nada comparado con los clientes de mi barrio hablando entre ellos.

El segundo, la fidelización. ¿Te irías a otras pescadería, aunque fuera un poco más barata, si al final te toca en casa tener que preparar más el pescado? Si a esto le sumas que te explica cómo prepararlo, algunos consejos, que te conozca y sepa tus gustos, consigue que les adores.

A todos no gusta tener clientes fieles y recurrentes pero, ¿les tratamos como tal? ¿Somos diferentes al resto de nuestros competidores?