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Había una vez, en un país muy lejano, el soberano prohibía cazar fuera de los límites de su reino. Quien lo hiciera, podría pagar ese delito con su propia vida.

Un día, un joven príncipe estaba cazando por el lugar sin mucha fortuna. Cuando por fin encontró una presa y le disparó con su flecha, el animal sobrepasaba las lindes de su reino, por lo que fue apresado y llevado ante el rey.

Como se trataba de un príncipe respetado en el lugar, el gobernante decidió darle una oportunidad de salvar su vida, si conseguía encontrar la respuesta a una pregunta. Para ello, le daba hasta un año de tiempo, que tendría que dedicar por entero a averiguar la respuesta. El príncipe agradeció la compasión del soberano y le pidió que le dijera qué pregunta debía responder, a lo que el rey contestó: 

—Quiero que me digas cuál es el verdadero anhelo del hombre para ser feliz.

El joven príncipe comenzó su andadura motivado y convencido de que pronto encontraría la respuesta. Pero, después de empezar a preguntar a todos los habitantes del reino y comprobar que no encontraba dos respuestas que fueran similares, se dio cuenta de que era una cuestión más complicada de lo que pensaba en un principio.

El tiempo seguía pasando y estaba a punto de cumplirse el plazo que le había marcado el rey para poder salvar su vida. Así que, desesperado, decidió ir a preguntar a la vieja bruja del reino.

La anciana le comunicó que sabía la respuesta y se la daría, pero a cambio tendría que casarse con ella. El príncipe se quedó pensando. Por un lado, necesitaba saber esa respuesta si quería seguir vivo, pero por otro, no quería pasar el resto de su vida con una vieja bruja, malvada y cruel, pues sabía que sería completamente infeliz. 

El joven intentó convencer a la anciana de que le diera la respuesta, le rogó, le suplicó, intentó negociar con ella, pero la bruja se mantuvo firme. Esa era su única condición, así que el príncipe tenía que decidir qué quería hacer en ese mismo instante. El joven se quedó un rato pensando y, antes de tomar una decisión, le preguntó:

—¿Por qué quieres que me case contigo a cambio de resolver la pregunta?

—Porque los dos estamos solos y necesitados. Tú me necesitas a mí para salvar tu vida, y yo te necesito a ti para salvar la mía.

Después de un rato en silencio, valorando lo que la bruja le acaba de decir, finalmente respondió:

—Tal vez tengas razón en lo que dices, y ambos nos necesitemos mutuamente. Pero no creo que casarnos consiga realmente salvar nuestras vidas. Al contrario, haría que cayéramos en una condena mayor ya que estaríamos viviendo una vida que ninguno hemos elegido, pues nos ha sido impuesta. Así que, rechazo tu oferta y afrontaré mi destino siendo el soberano de mi propia vida. 

El joven dejó allí a la vieja bruja y regresó a casa. Al cabo de unos días, se presentó ante el rey, quien le esperaba para dictar sentencia. El príncipe se postró ante el soberano, dispuesto a aceptar su castigo, pero se sorprendió cuando escuchó las siguientes palabras del rey:

—Has conseguido la respuesta que buscaba y con ello, no sólo has salvado tu vida, sino también la de mi hija.

El príncipe, atónito, levantó la cabeza y vio una joven hermosa junto al rey, quien siguió hablando:

—Cuando rechazaste la propuesta de la malvada bruja, liberaste el hechizo que mantenía a mi hija presa. Si hubieras aceptado, nunca habría recuperado a mi hija y tú habrías salvado tu vida, aunque fueras para siempre infeliz. 

Y la rechazaste porque quisiste tomar las riendas, ser soberano de tu propia vida, y esa, amigo mío, es la respuesta que buscaba. Ese es el verdadero anhelo del hombre para ser feliz.

Si quieres escuchar este cuento, así como otros publicados, puedes hacerlo en mi canal podcast, en diferentes plataformas: ivoox, spotify, iTunes y Youtube

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