fbpx

Un día que la clase de primero de carrera de Geología había ido de excursión al campo, una de las estudiantes se quedó mirando a una enorme tortuga que había salido del río y se desplazaba lentamente.

Arrastrándose por un camino de tierra y barro, dirigía sus lentos pasos hacia el terraplén de otro camino, al que parecía querer encaramarse con el riesgo de ser aplastada por alguno de los vehículos que circulaban por allí. 

Aquella joven estudiante, que se había decantado por la carrera de geología no por su especial interés en la naturaleza, sino porque pensaba que era la menos científica de las carreras de ciencias, decidió rápidamente ayudar a esa tortuga, animada por su fiel compromiso y su sentido de codependencia del mundo.

Sin dudarlo, se puso a estirar y a empujar a quella gigante tortuga para sacarla del enfangado camino, evitar que accediera al que consideraba un destino peligroso y devolverla hasta la orilla del río.

Pero, en ese momento, se le acerca el profesor y le pregunta:

—¿Sabe usted lo que está haciendo?

—Intento salvar a la tortuga —responde ella contrariada.

—¿Es que usted sabe cuál era el propósito de esa tortuga? —vuelve a preguntar el profesor. Y ante la respuesta negativa de la estudiante, le dice —:Probablemente, esa tortuga se ha pasado un mes arrastrándose por ese camino de tierra y fango, para poder depositar sus huevos en un lugar seguro, al costado del camino. Y usted acaba de hacer que vuelva al punto de partida.

La joven estudiante se quedó sorprendida, avergonzada y arrepentida de su acción. Aunque pudo aprender una de las más importantes lecciones de su vida. 

Esa joven estudiante era Gloria Steinem, periodista y escritora estadounidense y activista de los derechos de la mujer. Ella misma ha contado esta anécdota para compartir la lección que aprendió: pregunta siempre a la tortuga.  

Si quieres escuchar este cuento, así como otros publicados, puedes hacerlo en mi canal podcast, en diferentes plataformas: ivoox, spotify, iTunes y Youtube.

Abrir chat