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Había una vez, un hombre que iba caminando tranquilamente por la ciudad,  cuando de pronto, un enorme cartel, muy luminoso, le llamó poderosamente la atención.

“Tienda de los deseos. Aquí encontrará lo que busca”, decía aquel cartel de brillantes luces.

El hombre, incitado por su curiosidad, se acercó hasta la tienda y entró. Al otro lado del mostrador, un sonriente tendero le esperaba:

—Buenos días, caballero, ¿en qué puedo ayudarle? —le preguntó.

—Pues, he venido a pedir un deseo. Como dicen que aquí encontraré lo que busco… Estoy buscando felicidad y amor, ¿puede usted venderme eso?

—¡Por supuesto! —respondió el tendero —:Enseguida le hago su pedido. ¿Necesita algo más?

El hombre, sorprendido ante aquella respuesta y sin llegar a creerse que conseguir el amor y la felicidad fuera tan sencillo, le dijo:

—¿Me está diciendo en serio que puede proporcionarme lo que pido con tanta facilidad?

—Claro, señor. Dígame qué más necesita y de inmediato se lo sirvo.

El hombre, sin salir de su asombro, añadió:

—Ah, bueno, pues, ¿podría ponerme también paciencia, valor, justicia y fortaleza?

—¡Enseguida! Ha hecho usted muy buena elección. ¿Algo más?

—¿Puedo pedir más?

—Claro que sí —respondió el empleado con una amplia sonrisa —:Puede pedir todo lo que usted desee. ¿Le gustaría tener, por ejemplo, paz y armonía?

—¡Eso sería estupendo! —exclamó el hombre emocionado.

—¡Fantástico! —respondió el tendero.

—¿Y también podría pedir comprensión y respeto para mis familiares y amigos?

—Así es. Enseguida se lo sirvo. Y puede pedirlo también para sus vecinos, sus empleados, para todo el mundo.

—¿¿¡De verdad!?? ¡Esto es maravilloso! Sí, sí, póngame todo eso, por favor.

—Muy bien, pues voy a prepararle su pedido, señor.

El empleado se retira a la trastienda, dejando al hombre perplejo, incluso un poco incrédulo todavía. Y, cuando aparece de nuevo con un pequeño sobre, el hombre se queda todavía más asombrado.

—Pero, ¿qué es esto? ¿Me trae todo lo que he pedido en un simple sobre? ¿Qué es esto, entonces, una broma? —pregunta el hombre.

—¡No, en absoluto! —le responde el tendero —Este sobre contiene todo lo que usted me pidió. Ábralo, por favor.

El hombre abre el sobre y en su interior encuentra unas pequeñas semillas.

—Pero, ¿aquí sólo hay un montón de semillas?

—Así es. Son las semillas de todo lo que usted me ha pedido. Sólo tiene que plantarlas en tierra fértil y cuidarlas con esmero. Sólo así obtendrá los frutos de lo que desea. 

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