Un pequeño jardín puede ser lo suficientemente grande como para darme una lección de vida.

Hasta hace poco he estado sumergido en mi anterior reto profesional. Una etapa muy intensa que me ha absorbido una gran energía, algo de lo que no me he dado cuenta hasta que no he conseguido parar, levantar la cabeza y respirar. Por ese mismo motivo, tampoco había sido consciente de las consecuencias que ha tenido esa etapa.

Tengo un pequeño jardín en mi casa, un pequeño espacio con algo de césped y unas pocas plantas alrededor.

Cuando después de esta etapa que os comento,  fui capaz de levantar la cabeza, tomar aire y mirar al frente, comprobé cuánto había descuidado mi jardín. Habían crecido muchas hierbas, tan altas que no podría deshacerme de ellas con la modesta cortacésped que tengo. También era evidente la falta de riego, por lo que había trozos con pequeñas calvas, terreno seco, muerto. El rosal que con tanto cariño habíamos plantado hacía unos meses estaba ahí desnutrido, abandonado, inerte. Hecho una verdadera pena.

Es increíble cómo pueden deteriorarse algunas cosas en tan poco tiempo, si no se cuida lo suficiente.

Y eso mismo fue lo que sentí en mí mismo. Había estado tan absorbido en mi proyecto, que no sólo me había abandonado yo, sino también a los míos. Dejé de hacer deporte por falta de tiempo, también de hacer otras rutinas saludables, como mis prácticas de meditación. Pero también dejé de estar más pendiente de mi familia y mis seres queridos. En definitiva, dejé de cuidarme yo y de cuidar a los míos. Y el único responsable de esta situación soy únicamente yo.

Podría decir que mi jardín se estaba muriendo por falta de lluvia, porque hacía un calor excesivo, porque la tierra era de mala calidad… También, que aquella situación era culpa del trabajo, de los proveedores, los jefes… Podríamos echar la culpa a las circunstancias, a cualquier agente externo.

Pero la realidad es que somos libres para tomar nuestras decisiones y ponerles límites.

Tenemos una tendencia a creer que las cosas que tenemos siempre nos acompañarán. Cuando nos encontramos bien física y mentalmente, pensamos que siempre será así. Si mantenemos buenas relaciones con otras personas, también pensamos que continuará así para siempre.

Pero mi jardín también estaba ahí. Y la gran lección que he podido aprender es que si no lo cuido y hago lo necesario para mantenerlo, puede morir.

Entonces recordé una frase que me contó mi socia y hermana del alma, Bettina Gallego, que su abuela les decía cuando las obligaba a limpiar de hierbajos su jardín: “Yo notaba que cuanto más me concentraba en la tarea y más malas hierbas quitaba, más se quitaban de mi mente”.  

En aquel mismo instante, me puse manos a la obra. Y ese fue el comienzo de una nueva etapa personal, en la que no sólo quiero recuperar poco a poco mi jardín. Los pasos que siga para revivir mi jardín, pueden ser interpretados como metáforas de la propia vida. Y lo aprendido para el cuidado de mi jardín, considero que también se puede aplicar en la vida.

  • Comprar una desbrozadora para hierbas altas → Hay que comprar nuevas herramientas, necesitamos nuevos recursos ante nuevos desafíos. Hay cosas que no se pueden solucionar haciendo lo mismo de siempre.
  • Contratar un jardinero profesional para podar el seto que estaba demasiado alto para mí => a veces necesitamos ayuda externa de profesionales.
  • En muchas zonas hay que quitar las malas hierbas a mano => hay cosas que no podemos delegar y tenemos que afrontarlas directamente.
  • Compromiso de cortar el césped periódicamente => la disciplina y los hábitos son muy importantes para el mantenimiento. Aprender y recordar lo vivido es fundamental.
  • Hay zonas secas y alguna planta se ha perdido => a veces hay consecuencias de nuestros descuidos que son irrecuperables o que nos van a llevar tiempo restaurar.
  • Dedicarle tiempo y amor => esto se aplica a todo lo que queramos que vaya bien en la vida.

Todo este proceso también me ha servido para reencontrarme conmigo mismo. Dedico más tiempo a mi familia, he vuelto a hacer yoga, a escribir en mi blog, y tengo en marcha nuevos proyectos y aventuras.

Así que, aprovecho este artículo para pedir disculpas a todas aquellas personas a las que he herido durante mi etapa de abandono. ç

Ya he podido comprobar que en el jardín empiezan a surgir nuevas zonas verdes, más frescas. Asoman con humildad, pero poco a poco están rejuveneciendo el jardín y lo están tiñendo de un verde esperanza. Y eso que acabo de empezar con el cuidado. Ha sido más el propósito y la intención que el propio cuidado en sí.

Pero esto es una prueba más de que la vida es generosa para quien es agradecido con ella.

Tengo un jardín en casa, que aunque es muy pequeño de tamaño ha sido lo suficientemente grande como para darme una lección de vida.

Desde octubre del año pasado he estado absorvido por mi anterior reto profesional, como ya he comentado ha sido la etapa más intensa de mi vida hasta ahora, pero no había consciente de muchas de las consecuencias hasta tomarme el tiempo de parar y levantar la cabeza. Cuando lo hice, puede comprobar como había descuidado el jardín, habían crecido un montón de hierbas, algunas tan altas que ya no valdría simplemente con la modesta cortadora de cesped que tengo, así mismo habían surguido algunas calvas por la falta de riego, los aligustres que lo rodean totalmente descuidados y el rosal, hecho una pena. Es increíble lo que se pueden deteriorar las cosas en tan solo unos meses sin cuidarlas. Al verlo me di cuenta de que era lo mismo me había pasado a mi, dejé de hacer deporte por «falta de tiempo», de cuidar a mi familia y seres cercanos, de hacer mis prácticas de meditación y demás rutinas.

Que quede claro, de todo esto el único responsable soy yo. A veces nos gusta echar la culpa a las cosas externas, la falta de lluvia, el calor, la mala tierra… en el caso del jardín, o carga de trabajo, proveedores, jefes… en el ámbito laboral, pero la realidad es que somos libres para tomar nuestras decisiones y poner límites.

Pensamos que por que estamos bien físicamente, mentalmente o van bien nuestras relaciones eso siempre va a ser así, pero la gran lección es que hay que cuidarlo y mantenerlo. Así que me acordé de la frase que me contó mi socia y hermana de alma, Bettina Gallego, de cuando su abuela les obligaba a quitar los hierbajos de su jardín: yo notaba que cuanto más concentrada estaba en la tarea y más «malas» hierbas quitaba del jardín, más se quitaban también de mi mente. Por lo que me puse manos a la obra.

En estos 2 meses que llevo empezando una nueva etapa personal he podido ir recuperando poco a poco mi jardín:

  • Tuve que comprar una desbrozadora para las hierbas más altas => Necesitamos herramientas nuevas antes nuevos desafíos o cuando algunas cosas no las podemos solucionar haciendo lo de siempre.
  • Contraté un jardinero para podar el seto que estaba muy alto => a veces necesitamos ayuda externa de profesionales.
  • En muchas zonas tuve que quitarlo a mano => hay cosas que no podemos delegar y tenemos que afrontarlas directamente.
  • He cortado el cesped cada semana => la disciplina y los hábitos son muy importantes para el mantenimiento. Aprender y recordar lo vivido es fundamental..
  • Hay zonas secas y alguna planta se ha perdido => a veces hay consecuencias de nuestros descuidos que son irrecuperables o que nos van a llevar tiempo restaurar.
  • Le he dedicado tiempo y amor => esto aplica a todo lo que queramos que vaya bien en la vida.

A su vez, también poco a poco he ido reencontrándome: dedicar más tiempo a la familia, volver al yoga, he escrito más en el blog en estos 2 meses que en los 8 anteriores, tengo nuevos proyectos y aventuras en marcha… Así que valga también esta artículo para pedir disculpas a los que he herido estos meses y a modo de paliar dicho daño. Y mientras en el jardín, empiezas a surgir nuevas zonas verdes, frescas, humildes al principio pero que poco a poco van rejuveneciendolo y tiñéndolo de verde esperanza. De forma casi espontánea, sin haber hecho mucho más y es que la Vida es generosa para quien es agradecido con ella.

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