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Hace unas semanas, hablaba en un post sobre la importancia de saber escuchar, y que precisamente el no hacerlo, había sido uno de los problemas que había tenido con mis socios en su momento. Pero, también hay que saber a quién escuchar, cuándo y cómo hacerlo. Este cuento, habla sobre ello.

Érase una vez, un anciano y su discípulo iban caminando de una aldea a otra, acompañados de su famélico burro. 

Cuando se acercaban a la primera aldea del camino, se toparon con unos niños que jugaban en la calle. Al verlo caminar con el animal de carga a su lado, uno de ellos dijo:

—¡Mirad esos dos, qué tontos son! Van los dos caminando y ninguno se sube a lomos del burro. ¡Qué bobos!

Y el resto de niños se sumaron a las burlas.

El joven discípulo, ante aquellos comentarios, le preguntó al anciano:

—¿No sería mejor que se subiera usted al burro?

—Sí así lo prefieres… —contestó el anciano.

Al niño le pareció una buena idea, para así evitar que se volvieran a burlar de ellos.

Siguieron su camino, esta vez el anciano a lomos del burro y el joven caminando a su lado. Cuando llegaron a la siguiente aldea, unas mujeres lavaban la ropa junto al río. Al verlos pasar, una de ellas dijo:

—¡Habrase visto! ¡Qué poca vergüenza tiene ese anciano! Subirse ir encima del burro y dejar que el pobre niño vaya a pie.

Y el resto de mujeres se sumaron a las críticas.

El joven discípulo, entonces, le propuso al anciano:

—¿Qué le parece si nos cambiamos ahora? Yo iré a lomos del burro y usted caminando a nuestro lado.

—Sí así lo prefieres… —volvió a responder el anciano.

Y así continuaron su camino. Pero, al llegar a la entrada de la siguiente aldea, unos campesinos que labraban la tierra los vieron llegar. Uno de ellos se paró y empezó a decir:

—¡Ay qué ver, qué poca consideración tiene ese niño! Mira que dejar al pobre anciano caminando mientras él descansa a lomos del burro. Ya no se respeta nada.

El joven discípulo se quedó pensando y, al momento, le preguntó al anciano:

—¿Y si viajamos los dos montados encima del burro?

—Sí así lo prefieres… —repitió el anciano como respuesta.

Y a lomos del burro, los dos viajeros continuaron su camino hasta la siguiente aldea, donde se encontraron con unos jóvenes que charlaban sentados en unos bancos. Al verlos, uno de ellos comentó:

—¡Pobre animal! Cargando con esos dos a cuestas. Ya podrían ir andando a su lado, que al pobre burro se le ve cansado y muerto de hambre.

Y el joven discípulo, volvió a mirar al anciano y, encogiéndose de hombros le propuso:

—Creo que sería mejor que nosotros cargáramos al burro sobre nuestros hombros.

Y, una vez más, el anciano le respondió: 

—Si así lo prefieres…

Pero, al llegar a la siguiente aldea, la gente que los veía pasar empezó a burlarse de ellos:

—¡Mirad qué par de tontos! —decía uno.

—En lugar de ser el burro el que los lleve a ellos, son ellos quienes cargan al burro —decía otro.

—¡A cuál de los tres es más burro! —se burlaba otro más.

Descargaron al burro de sus hombros y se quedaron un momento parados. El joven ya no sabía qué proponerle al anciano. Ninguna opción le parecía adecuada. Lo único que se le ocurría era quedarse allí quietos, y así no recibirían las burlas de nadie. Pero entonces, el anciano le dijo:

Si escuchas todo lo que los demás te dicen, llegará un momento en el que no sabrás qué hacer. Te paralizarás, te bloquearás y no podrás avanzar, como te está ocurriendo ahora mismo. No puedes hacer caso a todas las opiniones de los demás. Cierra tus oídos a la opinión ajena y escucha únicamente la voz de tu corazón.

Puedes escuchar este cuento, así como otros publicados, en mi canal de podcast: YouTube, Ivoox, Spotify o iTunes.

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