Cuando otros conocen mejor algunas cosas sobre ti que tú no sabías.

Supongo que alguna vez alguien te habrá pedido que te definas. Quizás en una entrevista de trabajo, para hacer alguna presentación, en una primera cita…

Hay gente que tiene más facilidad que otra para encontrar adjetivos que definan su personalidad. A algunos les cuesta más que a otros, tal vez por modestia, por inseguridad, por vergüenza.

También es posible que cuando te ves en esta situación, recurras a clichés establecidos. Por ejemplo, si estás en una entrevista de trabajo, es posible que digas que eres una persona trabajadora, puntual, responsable… O si estás en tu primera cita, te definas como alguien cariñoso, comprensivo, fiel…

Pero, como en todo, en los adjetivos también existen muchos matices. Y no eres ni mejor ni peor por entrar en detalle sobre esos adjetivos que te definen. Es decir, si te defines como una persona trabajadora y te paras a pensar detenidamente, quizás reconozcas que lo eres más cuando te dedicas a una tarea que te apasiona. O que necesitas que alguien te diga lo que tienes que hacer, porque te falta iniciativa. O que te dejas llevar demasiado por la desidia cuando te falta motivación.

Todos esos matices te ayudan a identificarte, a conocerte mejor y a definir qué tipo de persona trabajadora eres.

Estudios recientes han demostrado que lo que tus compañeros de trabajo dicen sobre ti, tu actitud y tu comportamiento, te definen mucho mejor que tú mismo.

Esto tiene una explicación muy lógica; ellos pueden ver tus puntos ciegos, los que a ti se te escapan, los que no has sido capaz de reconocer sobre tu propio carácter.

Es un ejercicio que a mí me gusta realizar con la gente con la que trabajo. Y siempre aprendo algo nuevo.

Resulta mucho más fácil y práctico expresar abiertamente lo que queda en la superficie. Aquello que puedes mostrar libremente, con soltura, con agilidad. Más aún cuando quieres darte a conocer, cuando quieres demostrar tu valía, que te acepten, sentirte integrado. Pero si nos quedamos en esa superficie, estamos perdiendo muchos matices. Matices que nos ayudan a conocernos mejor a nosotros mismos, lo que se traduce en crecimiento, evolución, desarrollo.

Reconocer dónde están tus límites te permite poder trabajar sobre ellos para superarlos. Para impedir que se conviertan en un obstáculo.

El no conocerte lo suficiente, hace que pierdas la objetividad respecto a tus virtudes, pero también respecto a tus defectos.

¿Cuántas veces te has escuchado decir eso de “yo soy muy bueno en eso”? ¿O “yo soy un completo desastre en esto otro”? Posiblemente, con la edad, lo habrás dicho con mayor asiduidad. Y lo habrás aceptado ya como algo normal, como una máxima que ya has aceptado. Pero, seguramente, si te pararas a pensar o dejaras que otros te mostraran abiertamente la verdadera opinión que tienen sobre ti, descubrirías que quizás no eres tan bueno en eso ni tan malo en esto otro.

Es posible que a todos nos cueste un poco decir aquello que sabes que al otro no le va a gustar oír. Del mismo modo que también hay cosas que nos dicen, que no nos gusta escuchar. Pero creo que es necesario hacerlo, porque todo suma, de todo se aprende.

Uno no es guapo o feo, listo o tonto, trabajador o vago. La vida, y las personas, estamos llenos de matices. Descubrirlos es lo que nos hace crecer. De ahí la importancia de conocerse a uno mismo, algo que no puedes hacer solo.