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A  veces las cosas no salen como teníamos previstas, pero eso no tiene por qué impedir que sigas tu camino. Cuando tienes definido tu propósito, sabrás hacer limonadas con lo que encuentres a tu paso.

Esto es lo que hizo Emilio Pérez Carral cuando, su negocio tuvo que dar un giro para seguir funcionando. Y los abetos que le dio la vida, supo muy bien cómo aprovecharlos. 

Emilio es operario de montes desde hace treinta años en el vivero de Villapresente (Cantabria) y con el auge de la fiebre inmobiliaria se dedicó a vender abetos de jardín para el cierre de parcelas de chalés adosados. Como cualquier emprendedor, en su momento detectó una oportunidad de mercado y supo aprovecharla, hasta que la construcción pegó el frenazo y se encontró con un enorme stock de árboles que no pudo vender.

Cuando se encontró con cerca de 4.000 arbustos en su vivero sin poder vender, podría haberse lamentado, culpar a los políticos, pedir subvenciones y ayudas para los viveros…

Pero, en lugar de hacer eso, quiso sacar el mayor jugo posible a sus «limones».

Cuando hay que pivotar

Lo que hizo Emilio fue, lo que en el mundo de las startups se denomina pivotar. O lo que mi abuela llama buscarse las habichuelas por otro lado

Emilio hizo del problema una oportunidad, y empezar a plantarlos en aquel terreno que tenía infrautilizado junto con sus dos hermanos, pero no colocándolos de cualquier manera, sino construyendo un laberinto. Pensó que si hacía uno lo suficientemente grande, la gente iría a aquel apartado pueblo a visitarlo.

Primero dibujó sobre un papel el mapa del laberinto, basándose en otros que buscó por Internet, y a continuación marcó con cal las líneas en las que plantaría los 4.000 árboles, dispuestos en filas a lo largo de cuatro kilómetros de longitud. 

Teniendo en cuenta que el terreno constaba de más de 5.000 metros cuadrados, sus vecinos le tildaron de loco al principio, otros pensaron que estaba construyendo un nuevo vivero, pero ninguno se imaginó que sería el germen de un negocio que hoy en día recibe mil visitantes a diario en verano y que también da trabajo a la hija del propio Emilio y a algún que otro ayudante.Con la perseverancia propia del que tiene claro su sueño y desoyendo las voces agoreras, fue como logró construir El Laberinto de Villapresente, el más grande de forma estable en España (hay otros temporales de maíz).

Claro ejemplo de emprendimiento 

La historia de Emilio me parece un claro ejemplo de emprendimiento y de cómo superar los obstáculos de la vida, transformándolos en algo positivo.

Creo que se habla mucho de montar negocios, pero poco de reinventarse y de lograr salir adelante frente a la adversidad con los recursos que tengamos.

En el Laberinto vegetal de Villapresente, que cuenta con más de 5.600 metros cuadrados, cruzar su puerta y recorrer sus pasillos de abetos, todos idénticos, es un auténtico reto . 

Como decía el escritor José Bergamín:

«El que solo busca la salida, no entiende el laberinto, y aunque la encuentre, saldrá sin haberlo entendido».

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